domingo, 4 de marzo de 2012

Casamientos


Los novios se hicieron cargo de una reivindicación que viene ganando terreno desde hace un par de años y  eliminaron el carnaval carioca.
Pero  suena YMCA, qué tema de de mierda, por favor. “ Young men, Young men” y no se cómo esa  entrada convoca a  un par de monos que habían estado atrincherados a la silla con la mirada en el mantel toda la noche.  Claro, son entre las cinco y  las seis: dar la cara en la pista ya no tiene costo político.
Al toque me doy cuenta que en realidad YMCA es un garcha porque después de ese ponen “Los Piratas”. Sobre ese tema ya se expidió el Toto  en la despedida de soltero que le organizamos al novio sin que él venga, palabras más palabras menos: “ los que  hacen pogo con esa  canción son los que no hacen ninguna, porque Los Piratas en serio cuando ponen esta canción ya re contra se tomaron el palo”.
 Los que no pueden ni siquiera jugar un partido de fútbol 5 los miércoles en Doblas y Autopista a las 21:00 horas, los que suspenden las birras de  los pibes el viernes porque ella discutió fuerte con la mamá  y a pesar de que van a pasar juntos sábado, domingo y feriado, suspenden. Y   empujan y hasta meten un par de codazos  porque eso los ayuda a emerger  un poco de la mierda en la que están sumergidos “ nos sacamos el anillo carcelero y vivimos una noche de solteros”
YMCA es una poronga porque después suena “ este es el show de Xuxa está hecho con amor ”, los novios anularon el carnaval carioca, no es que hicieron la revolución leninista. Aparte un golcito Brasil te clava siempre.  “Un pasito pa delante un pasito para tras” y se levantan tres bestias sexuales que nadie había visto en toda la noche.
“ El mono relojero” de Kapanga que sigue después explica por qué YMCA es una canción para vomitarle encima, agonismo del viaje de egresados de séptimo grado, metáfora de la gestión de Duhalde.
Alguien  muy atinado le pide al DJ que ponga “ El más Popular ” de Los Palmeras porque sabe que al novio lo agita mucho ese estribillo pero el tipo pone otra de la misma banda. Pasó de DJ a Disc Jockey.
Me acerco y  desde abajo le tengo que pedir que ponga la otra. “Puse esta, me explica” como si yo no  estuviera diciéndole que justamente esa es la gran cagada.  Y lo hace más gráfico con un “Si me hubieran avisado antes…”  Le digo que  no entiendo por qué no la puede poner ahora,  por qué hay que avisarle antes, que  es un Disc Jockey, no una banda, que no  tiene que ensayar los temas en la semana: se pone áspero  pero aparecen dos chicas que interpretan que  tienen más herramientas que yo  para convencerlo pero  sorpresivamente también fracasan. Los Disck jockeys trabajan de que la gente la pase bien, nada que ver con los abogados.
Gran casamiento. De los mejores que tuve. Noche de estribillos, de vino y fernet, de asado y ensalada. Pero también de que el Loco toque en la guitarra “ Fotos de Tokio” de Aznar y que  alguien haga una versión de “ Quedándote o Yéndote”  del Flaco. Si lograron que pase eso en un casamiento, cómo no se iban a animar los novios  a eliminar el carnaval carioca. Ninguna revolución leninista. Pero siempre cambiando para mejorar.

jueves, 26 de enero de 2012

Enero en Buenos Aires


    Hacía rato que no estaba un enero en Buenos Aires: se me vinieron a la cabeza aquellos largos veranos de chico cuando pasaba tardes enteras en la casa de mis abuelos en Vicente Lopez. El lugar no tenía pileta, jardín grande  ni nada demasiado especial pero aún así servía como bálsamo para las temperaturas que maneja Buenos en esa época del año  al menos desde que  yo tengo uso de razón porque los viejos dicen que antes no era así pero en realidad los viejos dicen eso  acerca de cualquier cosa.
        Salgo de la Fiscalía y veo una ciudad tranquila, con poca gente y la que está no tiene demasiadas ganas de hablar, todo parece reducirse a un juego de postas hasta llegar a algún aire acondicionado.
 En la tele sólo pasan esos móviles con chimentos sobre las peleas de las obras teatrales desde Mar del Plata y Villa Carlos Paz. Admito que me tranquilizan un poco: si las vacaciones se parecen en algo a esas entrevistas casi que me van a terminar obligando  a  agradecer estar trabajando en la ciudad.
 Estuve quince días en Brasil y me sentí un poco condicionado por las últimas dos vacaciones que habían sido  muy arriba.  Debe estar por cumplirse un año de aquella tarde noche cuando en Montañita nos metimos al mar con NZ  y tuvimos los dos la percepción de que había sido la mejor metida al mar de nuestras vidas. Lo más conmovedor  de  esa situación es  sin embargo,  el hecho  de que NP que no había entrado agua  y nos miraba de lejos pudo a la distancia entender la magnitud del momento y  haya hecho todo lo posible para poder retratarlo con una fotografía.  El error de haber acudido a unas chilenas de mierda que no accedieron es tan accesorio como pintoresco y sólo perfecciona nuestra idea de Patria Grande ( sin Chile, claro). Así, Ecuador demostró que nunca llegás a ver tu mejor foto porque  nunca te la revelan.  Pero  si tenés suerte en algún momento un amigo o quizás una  novia o más aún un padre una noche entre  vinos y confesiones  pueda accidentalmente dar con la misma.
No se qué me enseñó Brasil pero tampoco creo que tenga demasiado sentido exigirle  a las vacaciones que  le dejen a uno algún tipo de enseñanza.
 Pero sí pude disfrutar  año nuevo en una remota playa muy brasilera (llena de brasileros, códigos brasileros, barro y tanta cerveza que se confundía con la lluvia) fue como  visitar un laboratorio fotográfico que a lo largo de la noche iba revelando fotos del año. Noche de magia, claro,  pero también de “cambios de brebajes” y un viejo amigo que acierta con el consejo “ el fernet no se adapta a Brasil, acá es Cuba Libre”. Lo abrazo, le digo feliz año y que es la única persona que conozco que hace chistes con salvedades. Después de eso la noche tira el salto mortal.
Vi muchos rastas brasileños pero con la particularidad de que una asombrosa proporción tenían cara de boludo ( y es raro porque hasta ahora los rastas para mí tenían en general cara de vivos) chicas argentinas  de esas que no saben qué mierda hacer en Buenos Aires y se van a trabajar a un hostel hasta que los padres les dejan de mandar guita y casi todos los candidatos  a consejeros del PO.  Aprendí a des escamar pescados y a sacarle al calamar su bolso de tinta sin que explote;  también descubrí a Saer: “ cuando hay una persona cerca de uno, las cosas desaparecen, y cuando los ojos de esa persona nos recorren, desaparece también la persona y quedan solamente los ojos. Si esos ojos son los de Esteban, hasta los ojos mismos desaparecen, y lo que queda es algo imposible de definir”
Hacía rato que no escribía y lo estoy disfrutando. Como cuando abrí mi casilla de mails al regreso y me encontré con esa idea maravillosa del Toto : “ no se pueden hacer cuadros sinópticos de  la vida de las personas”.  
La última vez que me senté a escribir fue después de la feria de invierno, dos veces por año no  es tan poco siempre y cuando sigamos haciendo política (en eso, esperemos que no algún día habrá tiempo para la resignación literaria)  Justamente en  aquella oportunidad jugaba con la posibilidad bastante descabellada de que el kirchnerismo termine siendo un género literario en algún stand de librerías Yenni. Tan lejos y tan cerca.
 P entre otros critica mi devoción por Brasil y la pone en la misma bolsa que “la complejidad del conflicto de medio oriente”  pero aquí estoy de regreso, vivito y coleando habiendo arrancado el año prematuramente. Y antes de cerrar, P., qué hay de la devoción por Uruguay, justo hace unos días me dijeron: “desde cuándo queremos ser todos uruguayos, desde cuándo esa afición por lumpenear en pueblitos sin luz con veladores, un frío terrorífico de noche y hacer amistad con chicas que venden panes en canasto y charlar con pibas  que se hacen las uruguayas media hora hasta que no se aguantan  más y  confiesan que  son egresadas del Nicolás Avellaneda.”
En este blog alguna vez nos planteamos en qué momento empezaba un viaje. Hoy es día de hablar de los finales.
Aeropuerto de Río,  hago tiempo y voy al baño: estoy  tostado pero tostado de esos que se van en cinco días. Me siento a esperar el embarque y escucho una conversación entre dos brasileras  preocupadas, un poco para seguir haciendo tiempo y otro poco de metido.
Brasilera 1:_ las argentinas siguen siendo flaquitas o ya engordaron?
Brasilera 2:_ siguen igual, ellas son así.
B1:_ tengo miedo de no conseguir ropa, en Buenos Aires hay sólo talles pequeños.
B2:_ donde hay talles amplios en la calle Avellaneda, te tomás un taxi. Desde Recoleta hasta ahí sale algo así como 20 reales.
 Después de eso parecería que ya nada les queda a las vacaciones. Que ese es el final.
Al otro día entiendo que me precipité. En realidad todo se acaba cuando escucho a mi jefa cantar “ nossa, nossa, asim voce me mata”.


lunes, 1 de agosto de 2011

Formas de Volver a Casa

“ de pronto primó ese clima pesado en que sólo es posible conversar sobre la tardanza de la comida” ( página 24) [1]
Soy un ferviente militante en contra de las excursiones con agencia. De esas que te llevan durante todo el día en una trafic sin ventanas que se puedan abrir y te hacen pasear con un grupo de personas tan insufrible como heterogéneo bajo el mando de un guía que grita por el micrófono cada vez que te estás por quedar dormido. A pesar de ello, entendí que no quedaba otra que someterme si es que quería hacer eso que ahora en Mendoza han bautizado “ Ruta del Vino”. Bajo este nombre cinematográfico se realiza un recorrido que consiste en visitar un par de bodegas para poder tomar la mayor cantidad posible. Sin embargo resulta ésta una tarea difícil porque obviamente los empleados están entrenados para servir dosis particularmente bajas de bebida.
Entre los momentos más disfrutados de mi infancia, están sin dudas los campamentos del primario. De ellos tengo tres recuerdos concretos.
El primero y más nítido es el relato de una instructora mientras cenamos en una gran ronda: ella debe ser bastante más chica de lo que yo soy ahora y me cuenta que tiene una amiga que cada vez que come, elige primero tragar lo más rico dejando la parte más fea para el final porque tiene miedo que pase algo que le impida dar el mejor bocado. Me sigue explicando y como soy un nene me da un ejemplo para clarificar. Yo ya entendí pero la dejo seguir porque me encanta escucharla hablar: “mi amiga come primero la milanesa a la napolitana entera y deja toda la ensalada de tomate para el final ” Me dan ganas de preguntarle o por lo menos me dan ganas ahora que rememoro el momento de saber si el miedo que tenía su compañera era que se vaya a realizar en un su comedor un operativo de las FARC o qué. Me acuerdo exactamente de las palabras que usó la instructora para contarme la anécdota, tengo patente también su cara que tenía un lunar muy grande en la cara por debajo de uno de los ojos y que si bien no me parecía muy linda igual me gustaba. Ese mismo día me enseñó a lavar los platos con tierra así que me ahorré la cola y también mojarme con esa agua fría que sale de las canillas de los campings.
El segundo tiene que ver con un olor. Esa mezcla que se genera a partir de la combinación entre mate cocido y el cacharro de porcelana. Como éste último tiene la boca ancha, cuando te lo acercás a la boca para tomar no queda otra que quede la nariz medio incluída en el vaso y se te llena todo de ese aroma peculiar y agradable.
El tercero es el más profundo y el que precisamente devino en olvido por largo tiempo. Existía en estos campamentos el personaje emblemático ( ni principal ni secundario, simplemente emblemático) de la cocinera cuyo apodo “gordi” daba fiel cuenta de la voluminosidad de su figura interminable. No era una mujer de hablar demasiado, de hecho no creo haber conversado con ella nunca pero sí acercarme a la zona de ollas gigantes un ratito antes del desayuno para manguearle alguna puntita de pan con dulce de leche
Pero había una situación que se daba todos los años en el fogón final. En un momento, la cocinera se acercaba y cantaba una canción. Una sola pieza con voz gruesa y sufrida para luego retirarse. Una melodía inolvidable que me ponía los pelos de punta. La escuchaba una sola vez por año en ese fogón y era un momento increíble.
En algún momento de mi adolescencia busqué en google la parte de la canción que me acordaba “ virgen de la carretilla, patrona de los…” pero no me salió nada y así fue como al no tener correlato informatico el recuerdo se desvaneció sin pena ni gloria.
El regreso sólo se produjo la semana pasada mientras la trafic volvía de la “ruta del vino” y una vieja muy pesada de esas que no interpretan que parte de la gracia de las vacaciones es también bajar el nivel de hinchapelotas que se es habitualmente en la vida cotidiana insistió en que a ella le habían vendido la excursión incluyendo una visita a una chocolatería. El guía midió un poco pero rápidamente se dio cuenta que era una de esas viejas capaces de hacerle perder el laburo y tras hacer una consulta vía handy con la agencia miró al grupo que estaba cagado de frío y con más ganas de terminar la excursión que otra cosa para comunicarle que íbamos a ir todos a la chocolatería, agregó que aparte teníamos suerte bueno porque además era licorerería. Nadie festejó ni tampoco se quejó salvo una pareja que tenía boleta de micro para las once y que como de todas maneras llegaban con comodidad a la terminal, acabaron aceptando.
Ya era de noche cuando llegamos al establecimiento donde un pelado apenas gracioso que aparentemente era el dueño y había ganado varios títulos de incheckebale aval como la “mención de honor al whisky de fabricación artesanal anual” nos fue explicando los productos que vendía. Después probamos una bebida que se llama absenta que tiene setenta y cinco por ciento de alcohol y el tour terminó cuando el pelado se jactó de ser el único con licencia para producirla en latinoamérica porque su abuelo no se qué historia había tenido en una fábrica hacía cien años. A la salida, cuando las ganas de matar a la vieja se me confundían con las de refutar al pelado pero sobre todo con el sueño que tenía por estar durmiendo realmente poco hacía varios días, pude ver un cartel al costado de la ruta que indicaba el camino hacia la iglesia “ Virgen de la Varrodilla, Patrona de los Viñedos” y ahí entendí cómo mi recuerdo errado había reemplazado la “ carrodilla” por “ carretilla”. Horas después percibí mientras me emborrachaba con unas australianas en el hostel y un amigo me llamaba desde Buenos Aires para pedirme ayuda porque al hermano de su mujer lo habían baleado en una tentativa de robo, cómo esa helada noche de Mendoza terminaba por cerrar ciertos círculos de mi infancia. [2]
Hay cosas que pasan sólo porque al otro día te tomás un micro.
Tengo quince horas para regresar a Buenos Aires y pensar un poco. Lo primero que hago como siempre que finaliza un viaje es recriminarme lo poco que leí. Apenas terminé
“ Cicatrices” de Saer, un libro que arranca bárbaro y después baja un poco el nivel sin llegar a ser malo. Entonces abro la mochila y hojeo el último de Zambra. Una fija, ya se que el chileno va a meter su tercer gol al ángulo. Lo empiezo a leer.
Hay diferentes formas de volver a casa. Es la primera vez que vuelvo de un viaje y no voy a la casa que ahora se llama casa de mis viejos porque T. me prohibió llamarla “Echeverría”. En una época me gustaba más viajar en micro, sentía que de golpe me volvía una persona de lo más interesante, que todos me observaban leer, escuchar música y se imaginaban cosas de mí. Hoy por hoy no me pega ni una imagen pero por lo menos da tiempo para pensar.
El reparto de asientos es una lotería, aparte saqué servicio semi cama lo que implica que a quien tenga al lado prácticamente va a viajar prácticamente abrazándome. Curiosamente, la unidad se llena en su totalidad salvo el asiento que está al lado mío lo que me pone muy contento porque se sabe que las posibilidades de una chica linda son mínimas y las de una gorda fea, altísimas. Ese asiento libre es un negoción acá y en China.
Sin embargo la alegría es efímera porque en San Luis se produce un recambio: se bajan algunos y sólo sube gente desagradable. Ni bien la veo subir se que la gorda es la que tiene el asiento de al lado mío, lo noto en sus ojos de búsqueda y me porto como un imbécil cuando me saluda y yo no le respondo sino que apenas muevo mi cuerpo para que su interminable humanidad pase para ser depositada al lado de la ventana. La mujer se pone a saludar a un nene que la está despidiendo y repite como diez minutos seguidos “ chau ” en distintos tonos de voz y en el medio hace comentarios retóricos “ mirá como mueve la manito y saluda , qué gracioso” que sólo son retóricos porque yo no tengo la menor intención de seguirle el juego y el tipo que está atrás nuestro tampoco. Trato de volver al libro que arrancó perfecto pero siento que estoy de malhumor como para disfrutarlo y que es mucho mejor esperar a que se apaguen las luces principales del micro para que estén todos durmiendo y poder leerlo con más atención. Entonces busco el ipod y lo pongo al máximo cosa de no escuchar lo que sucede a mi alrededor. De pronto me doy cuenta que la gorda ya me había ganado el apoyabrazos, la miro a los ojos por primera vez para demostrarle cierto odio pero sólo logro que sonría y me doy cuenta que tranquilamente podía ser de las que roncan por lo que me concentro en la música que sale de mis auriculares bastante preocupado ante la posibilidad de seguir durmiendo mal incluso en la noche de viaje.
El “shuffle” dispone un disco de Callejeros, lo dejo sonar. Pienso en que antes viajar en micro me gustaba porque me hacía sentir más grande, era la sensación de ser un adulto que se pasea sólo por el mundo lo que me resultaba atractivo. Pocas dudas quedan después de re encontrarme con el himno de la Carrodilla que la infancia quedó definitivamente atrás, por momentos creo que puede haber algo de verdad en los que critican( en general me ha pasado que sobre todo mujeres) a quienes damos demasiada importancia a determinados hechos no tan claros, supongo que preferimos sobreestimar lo simbólico antes de que nos coja de dorapa. La verdad es esa, mejor de más que de menos.
En lo que refiere al paso del tiempo, la noche helada de Mendoza sólo es algo más. Yo me di cuenta que había crecido o mejor dicho que ya era otra etapa cuando empecé a recomendarles libros a mis viejos. Ahora ellos se resignan a decirme que vaya a determinado ciclo de Herzog o Rommer en el Rojas aunque cada vez con menos ahínco. Últimamente sólo se empecinan en decirme que no puedo vivir sin haber visto películas que ellos todavía no vieron ni planean ver.
Cromagnon es para mí, la adolescencia, los dieciocho años. O más aún, es la pre militancia, es todo lo que sucedió antes del kircherismo aún cuando ya gobernaba Nestor. Son esos viajes en micro sintiéndome grande, pensar qué carrera estudiar, leer filosofía sin entender una pija y básicamente esos pedos con vodka barato en Villa Gesell con Callejeros de fondo. Es que en el enero de Cromagnon sonó Callejeros a full, me re contra acuerdo. Sólo después vinieron las historias, los amigos de amigos que se habían muerto, los sobrevivientes con recaídas y el fin del gobierno de Anibal Ibarra pero la continuidad de la puta de su hermana construyendo por abajo. En el boliche cuando sonaba “ Una Nueva Noche Fría en el Barrio” todo estallaba, y no estaba ni bien ni mal pero acordemos que re contra pasaba. Después de Callejeros no hubo ninguna otra gran banda de rock nacional. Cromagnon es a mi gusto todo esto porque no se me murió nadie cercano ni me morí yo. Claro está, me anticipo así a algún planteo de vertiente estilo trosko leninista.
Escucho el sonido del disco “ Presión “ y parece de otra época, no está bien grabado pero la banda suena bárbaro, los pibes eran buenos y nosotros también fuimos buenos a medida que íbamos cumpliendo los diecinueve. De repente empieza a sonar “imposible” y la letra me hace sonreír pero con una de esas sonrisas amuecadas “ por fin va decir la verdad el escribe los diarios” “ por fin el gobierno va a ser de una mujer” grita Pato Fontanet en una letra que debió haber compuesto en dos mil dos. Y no me vengan a decir que me como la secuencia del seissieteochismo porque Sandra y Russo y Barone me la pelan desde mucho antes que a Filmus y a Rossi les vaya mal pero la letra de los pibes estos que ahora están recontra querellados y condenados es premonitoria.
Espero que falte mucho, pero en algún momento el kirchnerismo puede llegar a tranformarse en un género literario con cartel y todo en Yenni.
Debe haber más recuerdos como el de la cocinera cantando en el campamento que uno eligió olvidar para poder crecer con menos dificultad. Hago fuerza y sólo se logro traer una imagen a la cabeza. Estoy en la cocina de mi casa haciendo la primera tarea en primer grado bajo la supervisión de mi mamá, se trata del clásico ejercicio de dibujar letras “ a” en un renglón, letras “ b” abajo y así sucesivamente. En eso suena el teléfono, mi mama atiende y yo comienzo a poner caras como de dificultad, de que la tarea me traía dolor de cabeza, de que costaba aunque la verdad es que no me parecía difícil un pepino. Yo quería mientras hacía esos primeros ejercicios ser como esos estudiantes que piensan piensan y no pueden descifrar el problema matemático. Esforzarme y demostrar que me esforzaba. Recuerdo que logré que mi vieja le diga a la persona del otro lado del tubo que yo estaba haciendo la tarea y que me estaba cansando. Así vi cumplido mi objetivo y me tranquilicé: se valoraba mi esfuerzo. Lamentablemente entendí eso prematuramente y otras cosas mucho más importantes cuando era ya muy tarde. Cosas que pasan.
Son las doce y media de la noche en el micro, hace rato que terminó una comedia humorística con Susan Sarandon y un profesor de educación física texano que se casa con ella a pesar de que el hijo de ella con su matrimonio anterior se opone. La mayoría duerme, la gorda al final no es roncadora. Debería despertarla y pedirle perdón por no haberla saludado antes. Me quedan sólo diez páginas de la novela de Zambra y decido dejarlas para cuando me despierte.
Lo termino y siento que “ Formas de volver a Casa” es impecable. Es un perfecto tercer libro, de alguna manera resulta obvio que la novela es impecable porque es la tercera y ya leímos “Bonsai” y “La vida Privada de los Arboles”. Probablemente estemos ante el mejor escritor de nuestros tiempos o el que más nos interpela. ¿ Qué diferencia hay?
Me permito hacer un chiste: Zambra es chileno y ni siquiera se le nota.
Como dice P., tenemos la posibilidad de ir leyéndolo a medida que salen los libros, algo que hubiéramos querido hacer con escritores como Cortázar. Tenemos esa suerte, cuando R. me vino con al noticia que había libro nuevo de Zambra me sentí como cuando en el secundario te enterabas que la banda que seguías había sacado disco nuevo.
Zambra hace que uno abandone el deseo latente de dedicarse un poco más a escribir. Qué sentido tendría, si aún esforzándonos todos los días obligados a tipear con un chumbo en la sien, no llegaríamos a atarle los cordones.
Ya no me da culpa entregar mi vida al derecho. O a la política que como sabemos es más o menos lo mismo.


[1] Advertencia: estas líneas intentan ser un reseña de la novela “ Formas de volver a casa” del escritor chileno Alejandro Zambra. Las mismas no develan quién es el asesino y por lo tanto pueden ser leídas sin miedo por aquellos que aún no tienen el libro.

domingo, 13 de marzo de 2011

Siempre Volvemos

Tengo que hacer dos compras urgentes: pilas triple a y una manguera. Las pilas no es un tema pero la manguera parece que sí. En el chino no creo que vendan y aparte empecé a militar en contra del que está cerca de casa porque corta la cadena de frío y hay un olor a mierda impresionante. Ir a “Easy” a comprar una manguera es de sobreexcitado, creo que si voy hasta me puedo hiperventilar. En una ferretería debe haber pero para eso tengo que esperar al día siguiente a que estén abiertas. Aparte en las ferreterías hay ese olor increíble que no sé cómo consiguen, si es que lo generan los pegamentos, los cables, los caños o si será que el olor a pedo de los ferreteros es así. Lo cierto es que resulta perfecto, en algún momento podrían empezar a fabricar perfumes para autos con esa fragancia.

Cosas que van pasando durante un feriado largo:

En un bar en Palermo un grupo de pibes que tienen el proyecto en común de la banda de rock tocan para más o menos cincuenta personas. Suenan bárbaro. Son buenos. Los integrantes quieren tener lo que sólo uno de ellos tiene y para éste aquel show es el último. No podía ser de otra manera.

Por el Tigre: un tipo que estuvo casado con una diplomática sueca ahora twitea sin parar en una isla gay y va a toda velocidad con su lancha mientras canta el himno a Sarmiento

En Nuñez: un pibe busca plata en cinco cajeros automáticos pero ninguno tiene plata, una playera de una Esso ve parte de su itinerario y le ofrece cambio. Se quedan hablando de que la promo de la coca y el sándwich por veinte pesos en realidad no es una promo. Ella es linda y él escribió un gran cuento lleno de errores ortográficos ese día.

En la web: parece que Fidel Nadal le cagó al novia a Manu Chao cuando estuvo de gira con Mano Negra. En un foro se discute sobre el tema y alguien postea: “ Fidel desintegró a Todos Tus Muertos por una pelea que tuvo con Pablo Molina, de haber quién era más rasta o más argentino, y lo más raro es que según él es rasta, pero estuvo a punto de golpear a un amigo mío, entonces no es tan rasta como él dice”

En un bar que no es de levante: un muchacho y una muchacha que no están de levante se conocen. O al menos él piensa que conoció a alguien pero a ella en ese momento le chupa todo bastante un huevo así que no le da demasiada cabida: le da el número de teléfono, le responde un mensaje pero cuando él la invita a salir ella no contesta más.

En Uruguay: se manda un correo electrónico a Argentina: “ Montevideo es un lugar en un cuento, donde la gente del lugar lo va contando con mucha reticencia.
En Montevideo andamos como en una libreria en la que sabemos que el libro que buscamos, está.”

En Palermo: Un licenciado en letras que tendrá éxito criticando a los uruguayos pasa el fin de semana largo escribiendo lo que mejor sabe hacer: programas de cursos. Hay una bolilla que es Horacio Verbitsky: “ Sombra terrible de Verbitsky: un análisis vitriólico del proyecto de poder del guerrero de los 70, fiscal republicano de los 90 y monje negro de los 00 Biografías y narrativas del periodismo imberbe. Algunas perlas de la escritura paraestatal y de la escritura obispal”. Posta, hace buenos programas.

Encuentro un cajón lleno de pilas doble a. Qué lástima que ahora se usen más las triple a. Bolivia va invertir cinco millones de dólares en ponerle valor agregado al litio del salar de Uyuni. La ventaja de las pilas de litio es que promueven la miniatuirzación de los productos porque ocupan poco lugar. Me voy a tener que meter el cajón de pilas doble a en orto. O por lo menos comprar una manguera.

La primera vez que vi una película de David Lynch estaba en mi primer año de facultad y era consigna para un trabajo práctico de Aguirre. Eran tiempos de tener novia y jugar al tenis. Me acuerdo que la empecé a ver con fiebre y que la media hora de empezada llegó la que era mi novia y la fiebre siguió subiendo. Lo que más me impactó es la imagen de la la ruta a la noche: línea pespunteada amarilla atravesándose a sí misma.

Cuando estos días vi Corazón Salvaje ya sin novia y sin fiebre volví a ver esa línea pespunteada que es probablemente lo que separe a Lynch del snobismo que lo hace bandera, lo que lo rescate del uso de los cortos que él mismo hizo en su época de Facultad y ahora son ofrecidos como ceniceros entre tema y tema de una banda experimental que toca en Palermo Soho. Para explicar por qué Lynch es bueno tendría que buscar aquel trabajo práctico pero no creo que tenga demasiado sentido. Aparte es más o menos obvio, ponerse ese laburo al hombro es como convencer a alguien que la asignación universal es buena. Por suerte las películas de Lynch no entran en el calendario electoral. Ni hay que militarlas.

domingo, 6 de marzo de 2011

EL JUSTICIERO VUELVE


EL JUSTICIERO 2011, TERCERA TEMPORADA
MIERCOLES DE 12 A 14 POR RADIO GRÁFICA 89.3
O POR INTERNET CLIQUEANDO ACÁ( MOZILLA FIREFOX)

sábado, 25 de diciembre de 2010

Mi zanahoria se va

Un amigo de vehemencia refinada dice que la gente que nunca fisura no es de fiar. El que escabia y nunca vomita es de alguna manera un especulador, alguien que se pasa la vida midiendo con centímetros. Al que nunca viste arruinado en una fiesta es alguien que no se compromete con las noches. Un vendedor crónico de ilusiones.

O mucho peor. Un estafador.

O al menos te está por cagar.

Como el tipo que cigarrillo en mano izquierda le pide por favor a la kiosquera que le de caramelos masticables. O más bien “de los grandecitos esos”. “No esos cuadrados sino los que están a la izquierda”.

¿Los sugus? Pregunta la kiosquera.

Sí esos, responde áspero.

Llama a las golosinas por el genérico “caramelos masticables” y permanece impávido. Sólo altera levemente la comisura de los labios cuando escucha el nombre “ sugus ” . Y no es que tenga que hacer un escándalo cada vez que compra algo, sólo se trata de rasgos de humanidad o algo por el estilo.

Y quizás el desagrado tenga que ver con el que tipo tiene unos cuarenta años, es lo que suele llamarse un adulto y como uno está en la puerta no puede evitar preocuparse, mirá si me convierto en algo así. Mirá si la hago mal y paso a ser como el lomo del libro aquel que reza “ los hombres que no se enamoraban de las mujeres”, mirá si no distingo un sugus de un flin paff.

Franzt Fanon decía que la represión genera conciencia política, los gorilas aseguran que los montos tradujeron eso en “ cuanto peor mejor y por eso pasó lo que pasó”. Con el tipo este asqueroso comprando golosinas tomás conciencia del paso del tiempo, tenés suerte en encontrártelo y que te caigan ciertas fichas.

Otros recién se dan cuenta en la primavera. Cuando ven a los chicos del secundario que se toman los colectivos como locos para ir de pic nic mientras ellos están en la oficina naufragando en una docena de facturas porque “el veintiuno de septiembre cada uno trae algo rico y festejamos como si fuésemos una gran familia” Septiembre es como un equipo que sabe jugar la Copa Libertadores, tiene oficio, te pone la hinchada en contra y te gana con un gol de cabeza del zaguero central. Después se cierra bien atrás y olvidate.

O quizás tenés el culo de tomar el bondi para el lado equivocado. Aunque te avivás rápido. Y eso sólo te hace un poco menos mogólico pero cabe la posibilidad de que ese interín te sirva para entender. Es que pasa de las formas más imprevistas. Hay quienes incluso dicen que les sucedió viendo Toy Story sin volumen en un local Garbarino del centro.

Pero algunos no se dan cuenta nunca y cuando se quieren acordar la vida les pegó un pesto tremendo. Te van a decir que de algo hay que morir, que todo es más menos lo mismo, que da igual decir “mucho jeque y poco árabe” que “Más vale buen árabe que jeque por conocer.” o “Más vale árabe en mano que cien jeques volando” Entonces no te queda otra que darles la razón o acaso te vas a poner a tratar de convencerlos que no se están por morir. Si pasan la mayor parte del día tirados en la cama tapados por una colcha escuchando la radio y la alegría pasa porque el farmacéutico les anuncie que recibió de las rositas en cuatorcientos miligramos.

Un escalón antes están los que todavía tiene quince veinte años de vida útil y siguen militando. Aún empastillados meten brindis del sindicato, camisa violeta, acto en Junín y terminan el día con un cuarto helado: dos frutales y un dulce de leche de los pesados. Tienen todo para ser de los que piden las golosinas por el genérico pero hay que tener honestidad intelectual y blanquear que no lo sabemos. Hay que escucharlos porque son los que vivieron el peronismo, por historia; uno los respeta pero no porque sean cuadros, los cuadros están en otra cosa: los mataron o son gobierno. Y ahora nosotros nos debatimos entre la militancia free lance o una vida militante, los más drásticos afirman que la pregunta en realidad es si alguna vez fuimos militantes, la rosca universitaria es otra cosa.

Diciembre te va pegando cachetadas y pasa lo de siempre: dos viejas se agarran a trompadas en un ascensor de tribunales porque una ordenanza les cerró rápido la puerta en el tercer piso. Entonces, tomás un café en un bar de Talcahuano sólo para chorear un par de minutos de aire acondicionado, en la mesa de al lado tres cuarentonas mitad chetas mitad hippies hablan de una editorial independiente de literatura argentina y te hacen acordar a tu vieja hace un par de años.

Un par de semanas después vas a estar mudándote pero sólo lo vas a entender el 3 de enero cuando estés sólo de verdad en el chino de la vuelta dándote cuenta lo malo que sos comprando productos de limpieza.

Peero antes, pegás un feriado( ese el de Menem, el de la virgen) y lográs bajar un cambio. Ella toca el timbre de la casa de tus viejos y te da culpa, hace banda que no la ves. Pero la tiene clarísima y se encarga de que pasen un día increíble sin hacer nada. Al otro día te lo cruzás a Diego Skliar que te habla de los lunes feriados perfectos y opina “ así y todo, tampoco. ¿entonces? Nada” Y da en el clavo. Es el mismo pibe que te recomendó Jorge Teillier y “ Tedy” de Sallinger. La puta madre. Como te asusta el acierto de tu amigo le contás que estás haciendo radio, aunque a diferencia de él bancando el proyecto nacional y popular, claro. En eso aprovechás que Diego es de los mejores recomendadores que conociste y te despedís pidiéndole que te sugiera un tema de Gabriela Torres. El tango está bien en diciembre sólo si sos de los que no chivan de más.

Se termina el año y más que tango de fondo, suena en todas partes el temita ese de Dread Mar I, resulta raro ver a los porteros viejos de las oficinas del centro escuchando reggae. De todas maneras es un buen tema para fin de año. Al menos no es uno brasuca al estilo olha onda, buena onda. ¿Cómo era esa canción?